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26 de marzo de 2011, El Tiempo, de Margaret Chan Yukiya Armano (Project Syndicate).

En África, el cáncer cobra más vidas por la pobreza

Ginebra. Suiza. El cáncer es un enorme –y creciente- problema de salud pública global. Y, de los 7,6 millones de muertes por cáncer cada año, 4,8 millones se producen en el mundo en desarrollo. Una enfermedad antes considerada más dominante en los países ricos, hoy deposita su mayor carga en las poblaciones pobres.

En algunos países africanos menos del 15 por ciento de los pacientes con cáncer sobreviven durante 5 años después del diagnóstico de cáncer cervical y de mama, enfermedades altamente curables en otras partes del mundo.

Son estadísticas apabullantes con inmensas implicaciones para el sufrimiento humano, los sistemas (y presupuestos) de atención médica y la estrategia internacional para reducir la pobreza. El incremento en el impacto del cáncer en los pobres refleja factores como el crecimiento demográfico, el envejecimiento de la población, la propagación de los estilos de vida no saludables y la falta de control de infecciones asociadas con el cáncer.

Estas tendencias no son fáciles de revertir. Si no se emprende una acción, se calcula la cantidad de muertes por cáncer en el mundo en desarrollo va a aumentar a 5,9 millones en el 2015 y a 9,1 millones en el 2030. Si bien se espera que las muertes por cáncer en los países ricos aumenten menos dramáticamente, se predice que subirán un 40 por ciento en los próximos 20 años.

En todo el mundo en desarrollo, la mayoría de los sistemas de atención médica están diseñados para enfrentar episodios de enfermedades infecciosas. Pero la mayoría carecen de los fondos, los equipamientos y el personal calificado necesarios para ofrecer una asistencia médica básica para los pacientes con cáncer. Treinta países –la mitad de ellos en África- no tienen una sola máquina de radio terapia. Y no tienen recursos financieros, instalaciones, tecnología, infraestructura, ni personal capacitado para afrontar las demandas a largo plazo de la atención del cáncer. También tienen escasa capacidad de prevención, educación pública o diagnóstico y tratamiento temprano. En grandes partes de África, estos tratamientos están reservados para aquellos lo suficientemente ricos como para buscar atención en el exterior.

Altos costos

Las demandas de atención crónica para una enfermedad como el cáncer simplemente son abrumadoras. Los países y las familias también pagan un inmenso costo económico ya que se interrumpen las vidas de millones de personas que de otra manera habrían hecho aportes contributivos a sus familias y comunidades durante muchas décadas. La verdadera tragedia es que muchos de estos pacientes no tienen que morir. Aproximadamente un tercio de los tipos de cáncer se pueden prevenir. Esta cifra podría aumentar si se hiciera más énfasis en la intensificación de otros factores ambientales y asociados con el estilo de vida que aumenten los riesgos de cáncer.

Por otra parte, un diagnóstico ya no tiene porque ser una sentencia de muerte: un tercio de los cánceres se pueden curar si se detectan a tiempo y se tratan como corresponde.

La Organización Mundial de la Salud y la Agencia Internacional de Energía Atómica (Aiea) están trabajando estrechamente en conjunto para mejorar el control del cáncer en los países en desarrollo. El trabajo de la Aiea implica crear capacidad en los países para el uso de medicina por radiación.

Pero la tecnología no sirve de nada sin un personal bien entrenado y motivado que pueda utilizarla. Por eso ambas organizaciones están desarrollando redes de capacitación. También es esencial fortalecer el sistema de atención médica para un diagnóstico temprano. Las medidas preventivas como las iniciativas de salud públicas para frenar el tabaquismo pueden ser considerablemente efectivas. Las vacunas contra la hepatitis B y los papiloma virus humanos podrían contribuir a la prevención del cáncer de hígado y cervical, respectivamente.

En la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer se lleva a cabo una investigación adicional sobre las causas del cáncer, que promete ofrecer las pruebas básicas necesarias para aliviar aún más la incidencia mundial de la enfermedad.

Para responder a la creciente epidemia del cáncer, solo necesitamos una acción global concertada similar a la exitosa movilización contra el VIH-sida. Debería reconocerse al cáncer como parte vital de la agenda de salud global. Los líderes mundiales deberían tomar conciencia de la magnitud de la crisis del cáncer que enfrentan los países en desarrollo. Necesitamos una acción sistemática del más alto nivel para poner fin a la disparada mortal en las tasas de supervivencia por esta enfermedad entre los países ricos y los países pobres, para ayudar así a salvar millones de vidas. El objetivo debe ser promover un control efectivo, que esté integrado en los sistemas nacionales de atención médica en el mundo en desarrollo.

La cumbre sobre enfermedades No Comunicables de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en septiembre, ofrece una oportunidad para central la atención en este tema. Hagamos el control del cáncer una de las buenas noticias.


1 abril de 2011, EL TIEMPO, Sergio Gómez Maseri, Washington

Impunidad de Uribe no impide que testifique en caso Drummond

Estados Unidos defendió ayer la inmunidad con la que contaría el expresidente Álvaro Uribe, pero dejó claro que podía ser llamado a testificar en el proceso contra la multinacional Drummond, siempre y cuando se trate de eventos ocurridos por fuera de sus años como mandatario.

Tras cinco meses de ires y venires, la administración Barack Obama radicó un documento ante una Corte del Distrito de Columbia, en la que se adelanta un proceso contra la Drummond por presunto financiamiento a grupos ‘paras’. Los demandantes, que representan a familiares de las víctimas de las Auc, querían el testimonio de Uribe, pues creen que su gobierno hizo alianzas con ‘paras’ que asesinaron a trabajadores de la multinacional.

Sin embargo, EE. UU., aclaró que los denunciantes no podrían forzar el testimonio de Uribe por hechos sucedidos durante sus ocho años de gobierno.

El reconocimiento de la inmunidad es importante, ya que, si la Corte la acoge, Uribe quedaría blindado frente a cualquier proceso que se quiera adelantar en su contra en E.UU. Lo otro claro es que Uribe podría ser llamado a testificar e incluso ser acusado, por casos que no estén bajo el paraguas de su gobierno.