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Tres navidades sin los apremios de la guerra

Español
Autor: 
Rubín Morro

La fuerza de la palabra construye futuro, su poderosa artillería supera los odios, las venganzas, une a quienes nos enfrentamos en la guerra y su potencia poderosa nos lleva  al camino de la esperanza en la construcción de la paz. ¡Quién lo creyera!,  que luego de una guerra visceral, llegaran nuevos días soleados y bajo aquellos latigazos de oro, desapareciera  la oscuridad de noches de afilados puñales, donde la vida caía en el negro abismo incierto de la guerra. Una guerra que  nos dejó enormes heridas en la piel y en el alma. Que apagó vidas, que cercenó cuerpos e hizo que las flores perdieran su color y la roja mancha de la muerte apagara las voces y ahogara las gargantas del mañana.

Hoy brilla la esperanza, sin desconocer los escollos que hoy nos golpean los rostros y el espíritu de quienes amamos la paz. Es la vida contra la muerte, son el letargo criminal de  un estado adormecido que  se resiste a construir una patria amable, donde la palabra sea tan grande  como los Andes.

Tres navidades es una exhalación en la distancia del tiempo, hace un poco de más de 1000 días, bajamos de la sierra, de las llanuras del oriente, de los litorales y de las planicies, de la Colombia profunda que nos albergó en su seno. Dejamos la clandestinidad, de una guerra que fue nuestra única opción que nos dejó la soberbia y la intolerancia para hilvanar nuestros sueños y siempre creyendo que una Colombia amable y en paz, si  es  posible. Ahora  luego de tres años, saboreamos en buena parte, la esquiva paz, estamos junto a nuestras familias, llegan los abrazos de quienes dejamos en el olvido por el apremio de la guerra. También los soldados bajaron de la cordillera y aunque la guerra se aferra como en una cruda realidad, hoy festejamos y nuestra visión de la luces navideñas nos sumergen en los sueños de una Colombia  que edifica la paz. 

Hace tres años llegamos a este sueño de paz, “Jamás nos imaginamos que sería fácil”. Siempre creímos que sería un camino difícil, lleno de obstáculos y de retos que deberíamos superar. El camino ha sido empinado y lo será. Solo que la sociedad  colombiana ha despertado hoy de cara a  su responsabilidad histórica. No importan los partidos, una sola idea y un solo corazón que clama la paz y vida digna.

La construcción de la paz avanza, no estamos solos, avanzamos en la reincorporación integral a pesar de las adversidades, reconstruimos nuestro núcleo familiar, participamos activamente en las luchas en las calles y en la organización política.  El acuerdo de paz firmado es apenas el comienzo, un  punto de partida, una construcción social que nos llevará muchos años. Claro que lo lograremos, de esto verdad no podemos sustraernos y menos quienes hemos vivido la guerra en toda su dimensión. Nos comprometimos con la sociedad y lo cumpliremos hasta nuestra última respiración.

Hoy somos más mayores, más conscientes que debemos dar todo por la paz, aun cuando ésta, encuentre enormes precipicios. Los ex guerrilleros de las FARC-EP , a 183 almas nos ha costado la vida. Nos han lacerado nuestro espíritu, pero nos hacen cada día más fuertes y más tercos en este empeño por la vida.

Estamos seguros que el pueblo es invencible, no existe fuerza posible que frene la lucha popular. #ElParoDebeSeguir, hasta alcanzar sus objetivos. Hasta que cumplamos con el papel que nos ha señalado la historia.

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