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25 de noviembre: movilización por la erradicación de la violencia contra la mujer en resistencia cívica nacional

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Autor: 
Katherine Gerena Bermúdez - Mujeres del Movimiento Político de Masas Social y Popular del Centro-Oriente de Colombia

El día 25 de noviembre, como se acostumbra anualmente, exigimos la erradicación de la violencia contra las mujeres y niñas: esa pandemia social, cultural, económica y política que ha aumentado con los años. En 1981 se nombró por primera vez la conmemoración del asesinato de las hermanas Mirabal, veintiún años después de acontecido este trágico hecho; y solamente 18 años después fue establecida por las Naciones Unidas como una jornada de sensibilización pública por los gobiernos, organizaciones no gubernamentales e internacionales para realizar diferentes actividades sobre este violento problema. Sin embargo, las jornadas no han sido muchas y el nivel de conciencia es insuficiente; basta con observar hasta la fecha el aumento de la normalización de violencias globalmente.

La violencia contra las mujeres y niñas ha adoptado diferentes formas aparte de la agresión física: la trata de personas, explotación sexual, la esclavitud, el acoso, el matrimonio infantil, la mutilación genital, los maltratos, los actos sexuales forzados o sin consentimiento, el trabajo no remunerado, la explotación laboral y el crimen de odio o mejor conocido como “feminicidio”.

Este último concepto que sólo fue reconocido hasta la mitad de la década de 1990 para ser utilizado en los países hispanohablantes; y sólo hasta después del 2000, la palabra empieza a definirse para tomar relevancia en la legislación y jurisprudencia de varios países; siendo conocida en actualidad como: “asesinato de una mujer a manos de un hombre por misoginia o machismo”. (1)

Miles de mujeres, feministas y no feministas, organizadas o no organizadas, alrededor del mundo nos unimos en dos precisas fechas: el 8 de marzo bajo el margen del Día Internacional de la Mujer y el 25 de noviembre por la eliminación de todo tipo de violencias que se replican y ejercen sobre las mujeres y niñas, puesto que estas no discriminan religión, etnia, cultura, región o edad: nos afectan a todas desde que nacemos. Bajo el margen del paro cívico nacional en Colombia, se congregaron mujeres en distintas regiones y ciudades con la finalidad de visibilizar aquella construcción social que nos castiga, y la insuficiencia judicial y estatal para responder a esta problemática.

En la capital, Bogotá, se creó una articulación colectiva, resultado de meses de trabajo organizado que llevó a tres consignas: “el Estado no me cuida”, “Estado cómplice” y “Somos un rostro colectivo”, formulados por la desatención de los entes gubernamentales hacia las mujeres en cuanto a las violencias, la inacción hacia las mismas y la lucha que se ha generado por nosotras en respuesta, respectivamente. La Juntanza de mujeres nos ha permitido replicar el mensaje de “hermana, yo te creo” mediante la sororidad y la empatía, acción por la cual la movilización se dirigió mediante el uso de antifaces que simbolizaban ese rostro comunitario de luchadoras presentes durante siglos.

La lucha de las mujeres no ha sido tarea fácil: a miles de nosotras las han desaparecido, matado o callado; y el debate con los hombres también ha sido bastante complicado: juicios valorativos, criminalizaciones y señalaciones. Lo bueno es que mantenemos presente que las mujeres como las aguas, cuando se juntan crecen; y cada día somos conscientes de la cantidad de mujeres que se unen a esta horizontalidad porque sabemos que esto no nos pertenece, ni a nosotras, ni a unas pocas: esto le pertenece a las que no están, a las que ya no pueden hablar, a las que nos cuidan, a las que no pueden parar.

(1) https://www.elvocero.com/actualidad/rae-incluye-los-t-rminos-meme-selfi-...

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