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Simulación y perfidia del gobierno colombiano

Español
Autor: 
Rubín Morro

Las FARC-EP, pactamos el acuerdo de paz de La Habana con el Estado colombiano, comprometimos nuestra organización con la sociedad para construir la paz estable y duradera.  Siempre creímos en la salida política al conflicto social y armado que  perduró en Colombia por más de 50 años; Por eso cuando encontramos unas mínimas condiciones en el Estado para llegar a  un diálogo, unos acuerdos,  una implementación y nuestra reincorporación a la sociedad, no lo dudamos y nuestro compromiso fue total. Creímos en el establecimiento.

Hoy a tres años del más grande acontecimiento político en las últimas 7 décadas, hemos cumplido integralmente cada uno los acuerdos firmados, así lo reconoce las Naciones Unidas, la comunidad internacional y una buena parte de la nación colombiana.

El presidente Juan Manuel Santos, jefe del Estado del gobierno anterior se gastó casi cinco en la negociación  con las extintas FARC-EP. Solo dedicó un lánguido año a la implementación de los acuerdos, en medio de las presiones de los que siempre se han enriquecido de la guerra.

El 7 de agosto llegó a la presidencia del país, Iván Duque y su partido Centro Democrático al palacio de Nariño y con él, la simulación y la perfidia del gobierno. La implementación   y  nuestra reincorporación del acuerdo de paz ha avanza por la potencia de lo pactado, por el apoyo internacional y el emprendimiento de nuestra militancia. Desde un inicio el gobierno ha colocado talanqueras de contenido y de forma, hasta cambiando los nombres de algunos acuerdos, simula ante la opinión internacional la insidia planeada, sistemáticamente recurriendo a todas las estrategias políticas, económicas y judiciales y la trampa  para estigmatizar  a la militancia del nuevo partido de la rosa y echar por la borda esta posibilidad de reconciliación y la paz.

Los asesinatos son a diario contra  de líderes, lideresas, defensores de los Derechos Humanos y más 160 ex integrantes de las FARC-EP. El baño de sangre se extiende por campos y ciudades, sin que el gobierno implemente las Garantías de Seguridad contempladas en los acuerdos de paz y peor cuando el mismo gobierno, sostiene equivocadamente la existencia de  un neo paramilitarismo  creciente al servicio los enemigos de la paz.    

Construyen obstáculos para atacar el proceso de paz, arman decretos para ocultar sus incumplimientos como acaba de acontecer con los bienes de la economía de guerra entregadas al gobierno por las extintas FARC-EP y que éste  no custodió y dejándolos ante los apetitos de  terceros. ¿qué significa esto?. Un nuevo ataque a la paz de un falso positivo contra quienes hemos cumplido lo acordado.

¡No pasarán! Quienes quieren hacer trizas este proceso colmado de bondades por la vida. En medio del empinado camino y las adversidades de los señores de la guerra, se está  construyendo una poderosa estructura de voluntades cuyo único interés es pasar de una vez por todas y para siempre la página de guerra y erigirnos como una nación moderna y en paz.

Pero no todo es desesperanza y tristezas, fuerzas democráticas se acomodan para dar la batalla política  en  este ajedrez maléfico creado por los enemigos de la reconciliación y la convivencia. El estado debe  ser el principal protagonista  de la paz. Sin serlo, le toca al pueblo raso aprender de otros países que con su movilización han logrado poderosas conquistas para el bien común de sus pueblos.

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