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Si el Estado no protege la vida, seremos nosotros quienes la defendamos

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Autor: 
Juan Carlos Muñoz Hernández - FARC Cauca

Por ello, si este Estado no protege la vida, seremos nosotros; comunidades y organizaciones; partidos políticos y defensoras y defensores de la paz quienes la defendamos y continuemos entre calles y votos, movilizaciones y urnas, construyendo codo a codo con las gentes del común.


Con la firma del Acuerdo de Paz y su implementación, la estructura estatal colombiana tiene la posibilidad real de superar la crisis de legitimidad que ha mantenido a lo largo de los años y con ello  lograr disponer  del monopolio de la coerción, la tributación y su misma legitimidad(1), componentes estratégicos de un Estado robusto. Con esto, la maquinaría institucional puede llegar a los territorios donde nunca se ha visto ni su sombra, construir puentes y carreteras, colegios y puestos de salud, garantizar tierra a quienes antes la tenían y se la despojaron.

Sin embargo la realidad muestra lo contrario: el abandono del Estado sigue siendo el pan de cada día, el desprestigio estatal continúa, los acuerdos no se vienen cumpliendo y lo que se ha implementado ha sido por la férrea disputa que se viene dando, es decir, no han sido regalo ni concesión de nadie.

Por otra parte, la antigua guerrilla de las FARC-EP sí cumplió con lo suyo desde el mismo momento en que Rodrigo Londoño firmo el acuerdo en el Teatro Colón: iniciaron un proceso de agrupación en las antiguas Zonas Veredales de Transición y Normalización - hoy, Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación -,  aún cuando ni siquiera estaban construidas. Así, prepararon el proceso de desarme hasta su culminación total y satisfactoria.

A partir de ahí, se constituyeron en una nueva colectividad política: el partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común -FARC-, amparados por norma constitucional y mediante acto legislativo 03 del 23 de Mayo de 2017(2), para disputar el poder de gobierno y de Estado mediante la legalidad, en movilización y con votos.  Pusieron cuerpo y alma para ayudar a construir unos cimientos de un país donde el buen vivir sea el horizonte, proscribieron la violencia como forma de hacer política y han estado siempre dispuestos a un gran pacto nacional porque las armas nunca más estén en la política: de parte y parte.

En cambio el Estado no ha actuado así. Ya convertidos en partido político y sin armas, la FARC viene sufriendo un sistemático exterminio de su colectividad, igual que le pasa a lideres y lideresas sociales. El último caso ocurrió el pasado 4 de febrero en el municipio de Argelia (territorio que solo ha visto al Estado cuando llega el ejercito para erradicar las matas de coca, único sustento de miles de familias campesinas), cuando el exguerrillero Jhon Jairo Hoyos,  en proceso de reincorporación, fue interceptado “por un vehículo tipo Montero desde donde le disparan en repetidas ocasiones” (3). Con la muerte de Jhon, ya son 89 los exguerrilleros asesinados, sin que el establecimiento parezca importarle.

En otras palabras, la trágica historia del exterminio de la Unión Patriótica se quiere repetir con la colectividad política que resulto de los acuerdos de paz, donde se deja ver un Estado que no protege la vida en su territorio y que viola su propia constitución política, al no hacer respetarla.

Es claro que quienes ostentan el poder no les interesa, ni implementar el acuerdo de paz ni defender la vida de quienes proponen un país diferente. Por ello, si este Estado no protege la vida, seremos nosotros; comunidades y organizaciones; partidos políticos y defensoras y defensores de la paz quienes la defendamos y continuemos entre calles y votos, movilizaciones y urnas, construyendo codo a codo con las gentes del común para llegar a ser poder y demostrar que los acuerdos firmados son la puerta a la verdad histórica, el desarrollo territorial, la reparación de las víctimas, el resarcimiento de millones de colombianas y colombianos empobrecidos, de la paz en las lejanas montañas y cordilleras, en síntesis, la potencia transformadora para que un Estado Social y de Derecho se reafirme como tal y ponga en función su aparataje institucional, su dimensión simbólica, ordenadora y su legitimidad, en pro de reconstruir un país destrozado por mas de cincuenta largos años de confrontación armada.

Parafraseando al vicepresidente de Bolivia Álvaro García Linera: utilizaremos cada átomo de  la llama de la vida para reconstruir y alcanzar nuestros sueños colectivos de un poder popular.

 

(1) GARCÍA. Linera, Álvaro. Estado y proceso revolucionario. En: Democracias en Revolución y Revoluciones en Democracia. Centro de Investigaciones Sociales CIS. Mayo de 2015.

(2) ACTO LEGISLATIVO N° 03 DEL 23 MAYO DE 2017 "POR MEDIO DEL CUAL SE REGULA PARCIALMENTE EL COMPONENTE DE REINCORPORACIÓN POLÍTICA DEL ACUERDO FINAL PARA LA TERMINACIÓN DEL CONFLICTO Y LA CONSTRUCCIÓN DE UNA PAZ ESTABLE Y DURADERA

(3) Denuncia publica a la comunidad nacional e internacional. Partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común. Consejo Departamental de los Comunes Cauca.

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