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Nunca dijimos que el proceso de paz era fácil

Español
Autor: 
Rubín Morro

Toda la militancia fariana sabíamos que el proceso era una disputa política, por lo tanto nada sería fácil y menos con un estado débil y proclive a los dictámenes  de los enemigos de la paz.

Siempre fue  la voluntad desde  nuestros inicios como organización revolucionaria, buscar la salida política al conflicto social y armado en Colombia. Fue siempre nuestra estrategia política buscar caminos ciertos que nos llevaran a un proceso de paz, cuya salida fuera política como siempre fueron sus  causas que nos llevaron por esta guerra de más de medio siglo y que  jamás debió pasar en nuestro país. Nunca se nos escuchó, siempre nos conminaron a la desmovilización, la entrega de armas,  el arrodillamiento y como si fuera poco y como hoy, quienes sueñan llevándonos a la cárcel y por eso la guerra ascendió, se degradó adquiriendo dimensiones y secuelas que nos tardaran mucho tiempo en sanar y aún más complejo, olvidar.

Siempre denunciamos las intenciones del estado de incendiar a Colombia con la guerra interna, que ya venía desde antes de 1948, con el primer asesinato de Jorge Eliécer  Gaitán. Los intentos de llegar a una paz completa han sido inútil hasta ahora, porque la perfidia, la trampa y la traiciones ha sido la constante en los todos los gobiernos de turno de cualquier pelambre.

El proceso de paz con las FARC-EP inició hace más de 30 años, el último y final intento se reanudó con el presidente Juan Manuel Santos. La verdad fue muy complicado tomar la decisión, no solo para el estado sino para nuestra organización. La desconfianza era total, la incertidumbre enormes, las dudas venían con la historia, pero a ambos enemigos nos iluminó la esperanza de allanar una ruta que nos llevara a un nuevo escenario sin guerra y lucha abierta por conquistar la paz con justicia social.

Pero si sabíamos lo complejo y espinoso que sería este  camino y así  nos lo advirtieron los organismos superiores de dirección. Nunca nos dijeron que solo sería firmar el acuerdo y que inmediatamente tendríamos carro, casa y beca. Toda la militancia fariana sabíamos que el proceso era una disputa política, por lo tanto nada sería fácil y menos con un estado débil y proclive a los dictámenes  de los enemigos de la paz.

El proceso de paz significa una decisión política de todo el colectivo de nuestra organización, tomando como base los planes estratégicos en materia política, idea  consultada internamente y en primera instancia entre la dirección nacional y los organismos de dirección  regionales y las bases farianas. Los intercambios internos  ágiles  fluían como  información, discusión, aportes y pedagogía de paz. Así inició la fase exploratoria que duró un año, luego la instalación en Oslo, y seguidamente, iniciaron las conversaciones en La Habana, muchos cuadros del movimiento pasaron por Cuba, participando como delegados, aún  los más escépticos del   proceso de paz. Luego en la Habana en febrero de 2015, realizamos la “Reunión de Consulta”, con la participación de más de 40 militantes hombres y mujeres, representantes de todos los bloques de las FARC-EP. La decisión fue total de los asistentes: “ir de fondo con las conversaciones de paz, pactar un acuerdo y la Dejación de las Armas”. El compromiso fue colectivo y así fue comunicado a toda la militancia nuestra.

Luego en la Décima Conferencia, el pleno del Estado Mayor Central, mandatado por esta instancia nacional, y en el Congreso Fundacional del partido, todos, apoyamos esta decisión  de continuar con el proceso de paz y  que “pondríamos todos los esfuerzos y  ahora con la fuerza de la palabra en la construcción de la paz estable y duradera”. Y,  así lo hemos hecho con voluntad de hierro   sabiendo y conociendo lo difícil que ha significado para los ex integrantes de las FARC-EP. No  podemos  negar que el estado ha incumplido una buena parte de lo  pactado y nosotros hemos cumplido con la palabra empeñada. La lucha política sigue por la implementación integral  de los acuerdos, los conflictos siguen y la guerra como un fantasma persiste.

Sin duda estamos siendo víctimas de la perfidia y la traición del establecimiento;  Nuestras  direcciones y militancia y amigos de la paz; hemos hecho lo imposible para que el gobierno implemente integralmente los acuerdos de paz. Pero nunca engañados y manipulados por nuestras direcciones, y hablo como un simple militante, que veo dificultades y retos que superar, pero creo profundamente en este proceso. Esto es un pulso político entre la vida y la muerte, así como lo hicimos  por 53 años en la confrontación armada. Fueron muchos los obstáculos para construir las FARC-EP, crisis que superamos  colectivamente, sin embargo, no alcanzamos a tomarnos el poder por más que nos sobró voluntad y ganas. Llegamos a este nuevo escenario político, ya no con las armas, sino con la fuerza de la palabra y ahora no será la excepción, saldremos adelante y no podemos dudar. Ni responsabilizar a las direcciones…Más bien, autoanalizarnos y ver cuál es nuestro aporte individual y colectivo

Por eso no puede haber voces  imaginándose otras FARC-EP. Nada se imita ni se calca y menos una realización  humana como la epopeya iniciada el 27 de mayo de1964 en Marquetalia. El horror de la guerra no tiene cabida en este país, ya fue  suficiente, ahora el turno es para la vida, la prosperidad, el presente, el futuro  y para el  más  importante acontecimiento político de los últimos 70 años: El proceso de paz.

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