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Nosotros los revolucionarios, los que amamos la vida, nos la vamos a jugar por la paz y la reconciliación

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Autor: 
Jorge Suarez

Hace exactamente 8 años a esta hora, estábamos en caminata por la Serranía de la Macarena. Habían sido días intensos, Yo ya lo presentía desde el momento mismo en que la centenares de bombas estremecieron la noche guerrillera. Jorge Briceño había sido durante décadas los ojos de la selva; dicen que los revolucionarios nos creemos en esas cosas, pero me gusta pensar que su espíritu sigue vigilando la espesura de la selva iluminada bajo la luz de la luna. Que sigue protegiéndola y que vuela su pluma desde el monte para gritarnos que sigamos en la defensa de los humildes, que no claudiquemos, que nuestras vidas no son más importantes que los grandes valores de la humanidad.

Hay muchos conocidos hoy acá, pero también rostros nuevos para mí. Muchas gracias por venir. Es muy importante. Hubo mucha expectativa toda la semana, nos han criticado, nos han dicho que somos “soberbios”, que cómo se nos ocurre homenajear a mi papá, que pensemos en las víctimas, que no era el mejor momento o que lo hacemos para afianzar la “cohesión interna”.  Creo que hay gente con tribuna que no conoce aún lo que nos mueve a actuar en la FARC. Mi papá no estaría contento con que le hiciéramos un homenaje, él hubiera querido que homenajeáramos a los humildes,  a los y las trabadoras, al campesino sin tierra, a las y los líderes sociales, pero sobretodo, que homenajeáramos la vida.

Las personas que querían que habláramos de mi papá para tener un tema con el cual acusarnos, y así desviar la opinión pública de los grandes problemas nacionales, se van a quedar esperando. No seremos nosotros los que polaricemos más el país, seremos nosotros los que comencemos el camino de reconciliación, y por eso les voy contar un poco quién fue Jorge Briceño, para que Colombia entienda qué fue lo que nos pasó y las razones que generaron la terrible guerra que hemos vivido

¿Qué puede llevar a miles de hombres y mujeres humildes del campo y las ciudades a la guerra? ¿Acaso un ánimo monetario? o El deseo de ser “malos” o algo similar? No será más bien que hay condiciones de vida tan terribles e insoportables que obligaron a la gente a armarse a pesar de saber lo difícil de la decisión? Mi papá era un campesino humilde del Sumpaz, nunca tuvimos dinero en mí familia, el no tuvo mucho estudio, ni tierra, ni posibilidades, pero nació una región acostumbrada pelear por sus derecho, una región revolucionaria en donde la gente sabía que los poderosos no dan nada gratis, que la vida se lucha.  Por lo mismo, era una región olvidada a pesar de estar tan cerca del centro del poder nacional.

El único Estado que conocían en el Sumapaz era el ejército, y por lo mismo ser tratados como sospechosos desde que veían que los niños tenían edad y fuerza de hacer otras actividades. Es decir, eras el enemigo por el simple hecho de  protestar por ayuda, por pedir tierra, educación, salud, créditos. En pocas palabras, por el hecho de no querer morirse de hambre. Entonces pretendían que la gente no solo no peleara por sus derechos, sino que no pensaran diferente. Que ante tales situaciones se quedaran sin hacer nada.

Saben cuál fue la única respuesta? la represión, los señalamientos, los empadronamientos. Es decir, la única respuesta fue ser tratados como un problema de orden público, como un problema militar por la “amenaza comunista” y no se pensó en darle a la gente del Sumapaz, del Catatumbo, la del Naya, del Guayabero, Marquetalia, Ituango, Inzá, el  Caguán, el Pato y muchas otras… no se pensó en otra cosa que el ejército, no se pensó en darles tierra, créditos, vías, maquinaria, salud y lo mínimo que necesita la gente para tener una vida decente.

Los mandaron a la guerra y la guerra es con tiros y bombas. Yo conocí en mi papá a un revolucionario convencido de que los pobres y humildes no tienen por qué serlo toda la vida, y que tampoco se pueden dejar avasallar. Así mismo, conocí a una persona muy pendiente de que supiéramos por qué debíamos pelear con la salvedad de que la única salida era la Paz. Murió en la guerra, como miles de colombianos humildes. Soldados, policías, guerrilleros y guerrilleras, campesinos hombres y mujeres, y sobretodo, personas que pensaban diferente a los que gobernaban. No es sino que miren las cifras oficiales y verán que no miento.

Es por ellos y ellas que hoy estamos acá. por las víctimas, no importa de cuál bando. Hoy estamos reunidos para reconocer también nuestros errores y pedirle perdón a Colombia por la la guerra. ¡Pido un minuto de silencio por todas las víctimas!. Perdón por todo el dolor causado, queríamos una mejor vida para todos, no la tragedia a la que nos obligaron. Acompáñenme por favor…. (minuto de silencio)

Este es el sentido de nuestro acto, contarles las razones por las cuáles un campesino pobre del Sumapaz  terminó en la guerrilla. Contarla Para que esa historia de guerra no se repita, para que no existan más víctimas. Firmamos un Acuerdo de Paz convencidos de que se implementarían para acabar, precisamente, esas condiciones duras de vida que generan conflictos. Para que la gente humilde del campo tenga oportunidades, para que su única salida económica no sea sembrar coca y ser perseguidos, para que no criminalicen a los que protestan por sus derechos, para que a uno no le metan un tiro por la espalda por pensar diferente.  Conocer esa historia para que cambiemos entre todos el rumbo de Colombia es el mejor homenaje a la vida que podemos hacer hoy.

Vamos a reconciliarnos como país, así algunos muy pocos no lo quieran, pero lo haremos. Estoy dispuesto a ir dónde sea necesario, hablar con quiénes tenga que hablar, pedir perdón a quién tenga que pedirlo y escuchar a quién tenga que escuchar para lograrlo. Estoy seguro que la inmensa mayoría de ex guerrilleros de las FARC EP harán los mismo, porque los que somos hijos de la guerra sabemos el valor de la vida, y porque muchos colombianos víctimas del conflicto, al hablarnos con franqueza, nos lo han pedido. Ellos y ellas han llorado con nosotros al contarnos sus historias, sentimos el calor de su corazón al expresarnos su perdón, y sentimos que tenemos una obligación moral de hacer lo necesario para preservar la paz y para lograr que sanen las heridas.

Para la guerra nada. Por la memoria de todas las víctimas, por la vida.  Quiero terminar  cantándoles desafinadamente unos versos de una canción que me encantaba oír en la guerrilla, y que hoy no me saco de la cabeza cuando pienso en esas personas hermosas que me han contado sus historias y que me han enseñado que “odiar es para flojitos, que la gente fuerte ama y ama un montón”

“pero, quiero que me digas amor

que no todo fue naufragar

por haber creído que amar era el verbo más bello

dimelo, me va la vida en ello

me va la vida en ello”

 

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