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Marquetalia, la cuna de la resistencia, el cuidado y la paz con justicia social

Español
Autor: 
Martha Cano, militante de FARC (Bogotá)

“Marquetalia humo y trueno

De bombas y de metralla

Lucha de Pueblo que estalla

En resistencia y dignidad

Por paz y prosperidad

Dispuesto a dar la batalla”

Corrido de Marquetalia

 

Más de 50 años de resistencia y lucha popular por la paz están en la sonrisa de la verdadera Colombia que habita en la cuna de las FARC-EP, ahora Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, FARC, y está tallada en los inocentes rostros de las niñas y niños del ETCR ubicado en la vereda El Oso que, por las falencias del sistema colombiano, hoy día no tienen un espacio de cuidado que garantice a hombres y mujeres desarrollar sus actividades económicas, políticas, académicas y comunitarias como lo quisieran; porque, efectivamente, no todos los espacios son espacios de cuidado colectivo por las dinámicas formales que requieren ciertas actividades.

A unas pocas cinco horas antes de la vereda de Marquetalia, está ubicado este mágico Espacio Territorial entre la Cordillera Central y la Oriental. Hoy está en camino jurídico a convertirse oficialmente, y si las múltiples trabas de este Estado lo permiten, en un centro poblado pujante; donde se cultiva uno de los cafés más ricos de este país: “Café Marquetalia” junto a su hermano “El Tercer Acuerdo” y, próximamente, una cancha sintética de micro donde las personas del común puedan además de jugar, llevar a hijas e hijos a la escuela de fútbol infantil.

Las farianas constituyeron y sacan adelanta la Asociación de Mujeres que tiene una valiosa particularidad: su lista de asociadas es mixta, más de 20 hombres participan de este esfuerzo; pero son ellas quienes asumen la dirección de esta y tienen la vocería en espacios de carácter amplio, visibilizando además el proyecto de piscicultura que ya empezó a materializarse con la construcción de cinco estanques.

Los farianos son cuidadores a la par de sus compañeras en el ETCR y apoyan con la atención de las niñas y niños, en su mayoría de primera infancia, con el amor y la solidaridad que, desde FARC, también se le apuesta, pensando en que esa paridad y autonomía alcanzada en armas, sea igual de posible ya no con los fusiles, sino con bebés en los brazos y por todo el territorio.

Ellas y ellos que vivieron, sufrieron, lloraron y sonrieron en medio de la guerra, que aún no acaba, insisten en que deberían volcarse los esfuerzos y voluntades en visitas humanitarias, visibilizando las dinámicas actuales en lo rural y lo urbano, las apuestas políticas, los proyectos productivos, las proyecciones de vida: cuidarnos como la patria que soñaremos siempre, resistiendo por la construcción de la paz con justicia social. Esta es nuestra victoria.

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