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A la memoria de nuestras abuelas, tan revolucionarias como el patriarcado se los permitió

Español
Autor: 
Martha Cano, Militante de FARC Bogotá

“…del fondo azul

recortó sus figuras y las traigo

desde antes y hasta el horizonte

Antiñir

Cayupán

Ana y hermanas.”

 

Liliana Ancalao / Comodoro Rivadavia

Poeta Mapuche

Todas y cada una, mujeres tan revolucionarias hasta donde el patriarcado se los permitió, mujeres con sueños e ilusiones violentadas desde niñas al nivel de la naturalización de semejantes agresiones, que crecieron esperando lo que en su época, con su educación y posición de clase, podría ser su aspiración, mi abuela por ejemplo bautizada con un rimbombante nombre, Marqueza, creció en una familia campesina en zona rural de Convención en la provincia del Catatumbo en Norte de Santander, llena de secretos familiares que esconden abusos y maltrato, las mujeres no iban a la escuela porque al patriarca de la familia le parecía que sólo debían aprender a trabajar y rezar, mi abuela conoce oraciones y canticos católicos que puede decirse, están extintos de la práctica actual del catolicismo.

Mi abuela pasó de ser peón en la finca de su familia nuclear, de  un padre maltratador, conservador y godo, a ser peón en la finca de su primer esposo, machista y mujeriego, que decía que las mujeres no deberían estudiar y no servían sino para los oficios de la casa, luego de la muerte de este, paso a una relación con un hombre que luego de tener tres hijos con ella, se casó con otra mujer y finalmente, ella a uno de sus más grandes secretos, una hija y un aborto con un hombre casado.

Ese es un ejemplo de las miles de historias de nuestro país y del mundo, de mujeres pobres con hasta nueve hijos o más, donde su posición de clase fue fundamental en la vida que tuvieron, no se puede decir que no hay mujeres con privilegios que no hayan pasado por esto, sin embargo, la historia es clara, sin ser culpa de las mujeres, pero la marcada diferencia de clases se hace relevante.

Las abuelas, así como las mujeres de hoy, tenían grandes aspiraciones que nunca fueron posibles, con esa fuerza vibrante que en su interior las hizo revelarse de a poquitos abriendo el camino para nosotras, alguna vez me dijo mi abuela que si ella hubiera podido estudiar, hasta presidenta de la Nación habría podido ser, y siendo algo que aún no ha podido ser posible, talvez ella y otras aguerridas, hubieran logrado construir una historia distinta, donde las abuelas de plaza de mayo hubieran visto a sus nietos crecer y sus hijas e hijos envejecer, donde las abuelas indígenas de nuestra América hubieran elegido una descendencia distinta a la que les obligaron a parir luego de ser violadas, donde cualquier abuela de cualquiera de nosotras, no se hubiera vuelto cómplice de abusos de sus esposos a sus hijos por miedo e  ignorancia de sus niñas interiores.

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