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Joan Jara: la lucha incansable de las mujeres por la justicia y la verdad

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Autor: 
Martha Cano, Militante FARC Bogotá

El 3 de julio del 2018 nueve militares retirados chilenos fueron condenados por el asesinato de Víctor Jara en el Estadio de Chile el 16 de septiembre de 1973, años antes el teniente retirado y exiliado en los EE.UU., Pedro Barrientos, fue condenado a pagar 28 millones de dólares a la familia del cantautor por su actuación material en el homicidio, esto se dio gracias a declaraciones de soldados que participaron de los hechos, pese a esto, Barrientos goza de una acomodada vida en la Florida sin delitos de lesa humanidad en su historial y nadie aún ha pedido perdón por lo sucedido al revolucionario cantor, este es el pacto de silencio latente entre todos los que participaron de la tortura, desaparición y asesinato de miles de chilenas y chilenos, que le permitió al genocida Augusto Pinochet, finalmente, morir de viejo.

Ya a sus 90 años, la cruzada de más de cuarenta años emprendida por la valiente Joan Jara, esposa amada, madre y mujer valiente, a quien Víctor le cantara: “Pienso en ti, mi vida, pienso en ti, En ti, compañera de mis días y del porvenir de las horas amargas y la dicha de poder vivir, laborando el comienzo de una historia sin saber el fin…” sigue y seguirá hasta su último aliento, peleando por la justicia que merecen quienes no sobrevivieron al genocidio luego del golpe de estado del 11 de septiembre, orquestado en su patria de origen por Richard Nixon y su secretario de Estado en aquel entonces Henry Kissinger.

Al lado de esta norteamericana con espíritu chileno, han caminado otras y otros, como su compatriota Joyce Horman, viuda del periodista y cineasta gringo asesinado en el Estadio de Chile, Charles Horman, luego del visto bueno de la CIA, para que no se difundiera lo que sucedía en ese entonces, en este caso en particular, aún no hay ningún responsable señalado.

Joan dejó de latir por ella misma el 16 de septiembre de 1973, y cada día que respira enfoca su energía a la búsqueda de la verdad, la justica y la memoria de las víctimas de la historia, asumió con fuerza y amor, como suya, la labor que hacía Víctor, que seguramente seguiría tocando: “Si molesto con mi canto Alguno que venga a oír Le aseguro que es un gringo O un dueño de este país”, si sus manos no hubieran sido silenciadas por ser comunista, por defender la causa de un pueblo, por cantarle a los estudiantes y obreros, pero esa chispa de amor revolucionario que sembró Víctor, recorre la historia haciendo ruido con pasos de gigante, en el cuerpo de la mujer que habla en nombre del amor, que nunca podrán silenciar.

Foto tomada dehttp://www.paula.cl/reportajes-y-entrevistas/joan-jara-estoica/

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