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Indignación

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Autor: 
Violeta Narváez

¿Cómo no indignarse, si la derecha instrumentaliza nuestros cuerpos, nuestra historia, nuestra lucha para destruir una apuesta política diferente?

Me cuesta evitar la rabia, cuando una camarada, Victoria Sandino, tiene que enfrentar todo el odio que pueden desatar las fuerzas conservadoras.

Violación, abortos forzados, esclavitud sexual… “denuncian”. No hay novedad en el ataque. ¿Qué importa si no es cierto si tienen toda la maquinaria para volverlo “verdad” en el imaginario colectivo?

Antes, cuando la propia guerra nos hizo un grupo ilegal y no teníamos muchas tribunas para expresarnos, la derecha decía que las mujeres ingresábamos forzadas a las FARC, que nos obligaban a acostarnos con los comandantes, a abortar…

Ahora las farianas podemos decir en la televisión, la radio, en libros, redes sociales, en el Congreso de la República, que eso no es así, que la historia es diferente y a pesar de los esfuerzos para acallarnos, nos han tenido que escuchar y dejar que el resto del país lo haga.

Entonces cambian el foco de atención. Resulta que no a todas las guerrilleras les pasaba, que era a algunas y que el resto, las que estamos apostándole a la paz, somos “cómplices” de esas atrocidades cometidas contra ellas. Eso le gritaron ayer a Victoria Sandino, una de las mujeres que más ha trabajado por hacer del feminismo un componente base de nuestra lucha partidaria.

Para atacarnos no son capaces de mantener un debate político basado en las diferencias ideológicas o de visión de país, sino que tienen que recurrir a difamar, ridiculizar, marginar, destruir, sin escrúpulo alguno, a la oposición política.

Apelan al sentido común, a lo sensible para manipular, instalar mentiras como verdades y ocultar lo que hay de fondo: que no les interesa la autonomía del cuerpo de las mujeres (están en contra del aborto, incluso el legal, gratuito y seguro) y en las FARC-EP, las mujeres podíamos decidir un camino distinto al de la maternidad, porque, entre otras cosas, teníamos garantizados los métodos anticonceptivos necesarios para nuestra planificación.

Se pintan de abanderados de los derechos de las víctimas sexuales, pero atacan la JEP y la Comisión de la Verdad, porque saben que los crímenes sexuales cometidos por el Estado contra guerrilleras y civiles son muchos y descansan en la impunidad de un sistema judicial retorcido.

Saben que las FARC-EP, existía un inciso (el J) en los estatutos, que prohibía la violación y que llevaba al abusador (nunca hemos negado que, en filas, como en el resto de la sociedad, existieron casos de violencia sexual) a un consejo de guerra.

Saben que, a diferencia del paramilitarismo (del que son responsables), la violencia sexual no fue una política de nuestra organización, ni una estrategia de guerra.

Saben que la única manera de tapar sus escándalos de corrupción y sus incumplimientos frente a los compromisos estatales con la paz es crear cortinas de humo que deslegitimen la contraparte.

Saben que las mujeres en las FARC-EP encontramos un espacio de realización que no encontramos en otro lugar. Nos empoderamos, sí, y no solo por tener un arma en las manos, sino por convertirnos en sujetas políticas, con capacidad de disputar la realidad, de SER protagonistas y salir de la sombra. Y ese derecho el Estado colombiano nunca lo ha garantizado al resto de las colombianas.

Saben que nuestra práctica hace que otras mujeres piensen que todo puede ser distinto, incluso las que no están de acuerdo con nuestra lucha.

Saben que nuestro camino no ha sido perfecto, que somos un movimiento en eterna construcción y renovación, y quieren volver eso un defecto, más que una virtud.

Ayer, en la audiencia de víctimas no solo atacaron a Victoria sino a todas las integrantes de FARC, a las caídas en esta larga lucha, a las que están en las cárceles, y las que están en calles y veredas cumpliendo el compromiso que hicimos con la sociedad, de abrir un escenario distinto para el país y por supuesto, para las mujeres de Colombia.

Pero seguiremos resistiendo. De eso depende nuestra verdadera emancipación.

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