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ESCRIBO PERO, ¿PUBLICAR UN LIBRO?

Español
Autor: 
JAELDELALUZ

La independencia intelectual depende de cosas materiales. La poesía depende de la libertad intelectual. Y las mujeres han sido siempre pobres, no sólo por doscientos años, sino desde el principio del tiempo. Las mujeres han tenido menos libertad intelectual que los hijos de los esclavos atenienses. Las mujeres, por consiguiente, no han tenido la menor oportunidad de escribir poesía. He insistido tanto por eso en la necesidad de tener dinero y un cuarto propio.   Virginia Woolf, Un cuarto propio

Por cinco años mi esposo y yo, tuvimos una editorial en México. Comenzamos publicando lo que fue mi tesis de licenciatura. En esos años yo debutaba en los estudios históricos de minorías religiosas; era ventiañera y deseosa de compartir mi trabajo, así que toque puertas para publicar y ninguna se abrió. No se abrieron porque no iba recomendada por alguien reconocido; no se abrieron porque el tema no era de interés comercial, aunque yo aseguraba que por lo menos un tiraje de 1000 ejemplares podrían colocarse si hacíamos buena difusión; no se abrieron porque no tenía un representante que negociara por “la autora”.

De esa experiencia, Alex me dijo: “fundemos una editorial y publiquemos tu libro”. Y así fue. Él como periodista y corrector de estilo y yo como lectora ávida y editora, no vimos difícil el camino e invertimos nuestros ahorros para una casa, en la editorial. Mi libro fue el primero de más de 20 libros académicos que se lograron gracias a la intervención de amigos diseñadores, administradores, correctores, editoras (éramos mujeres), impresores y representantes de ventas en cadenas de librerías mexicanas. Publicabamos sí ganabamos un concurso o por la confianza que amigos académicos depositaron en nosotros.

Recuerdo que en esos años, varias mujeres poetas, narradoras, cronistas, amigas y colegas académicas, estaban escribiendo cosas muy interesantes y presentándose en festivales culturales o foros. Algunas de ellas, se acercaban a mi para saber si podría publicarlas y me entregaban los borradores de sus textos para darles una opinión “profesional”: si su obra era publicable o “no”; e incluso algunas habían ganado premios nacionales o regionales. Cada lectura, cada borrador lo imagine como libro porque para mi, toda idea creativa, por el hecho de ser concebida, ya merece ser leída y seguro tiene un público que hay que descubrir y llegar a él. Me emocionaba cuando eran borradores bien estructurados, bien escritos, e incluso algunas escritoras ya habían pagado la corrección de estilo.

Muchas de esas mujeres escritoras venían de clases populares como yo, que con mucho trabajo y esfuerzo nos educamos y le dabamos importancia a nuestros escritos como parte de nuestra labor intelectual, por ello, el impreso que me entregaban era fruto de años de trabajo, investigación y reelaboración. Lo más importante de ese acercamiento fue que ellas se representaban a sí mismas sin mediadores, incluso cediendo sus derechos de autoras siempre y cuando pudieran publicar… Por carecer de fondos y patrocinios, a obras de ficción, novelas, ensayos y poesía tuve que decir no, y lo lamente mucho.

A la distancia, al recordar esa experiencia, me vinieron a la mente las palabras de Virginia Woolf donde ella, al hablar del oficio de escribir, decía que las mujeres por las condiciones sociales de desigualdad de géneros, “no han tenido la oportunidad de escribir poesía” porque para escribir, a principios del siglo XX, se debía tener independencia económica y un espacio propio para producir. Hoy en el siglo XXI diría que las mujeres escritoras que me dieron sus textos para publicar, estaban lejos de tener un futuro económico estable y una vivienda propia: eran mujeres que debían trabajar, estudiar o depender de una beca de posgrado para su manutención diaria. No eran mujeres con privilegios, de padres o familiares en la política que les heredaran un apellido, un color de piel, una estancia en el extranjero para “triunfar” en la vida, como algunas de las actuales escritoras mexicanas que publican en el extranjero o desde España. 

De todas esas experiencias dos autoras pudieron pagar por sus textos: Gabriela Castillo Terán, su libro es un estudio antropológico de la muerte en el espiritualismo trinitario mariano, y la distribución de la novela La falsa Esposa de Maritza Macín, ganadora de un premio de novela histórica Bellas Artes. Y aún así, la distribución en librerías de ambos libros, no nos hizo justicia.

Ver más>> https://feminopraxis.com/2017/04/19/escribo-pero-publicar-un-libro/

 

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