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El proceso de paz no es  la panacea, es una posibilidad  de alcanzar la paz

Español
Autor: 
Rubín Morro

Equivocadamente muchos colombianos (as) consideran que el proceso de paz, es la salvación y solución a todas las necesidades de la profunda crisis social, política, económica y cultural del  país; puede llegar  a serlo, siempre y cuando se vincule toda la sociedad en su conjunto.

Los acuerdos de paz de La Habana entre el Estado colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP), no son la panacea, ni  la revolución y mucho menos la solución, por ahora, a toda la crisis que por centurias ha vivido nuestra patria.

Nunca estuvo en nuestros propósitos políticos hacer una revolución  con los acuerdos de La Habana y menos cuando de ellos, quedaron decenas de "salvedades", que dicho en lenguaje más claro, fueron temas que el gobierno nunca aceptó discutir y que son columnas poderosas de la concepción burguesa del Estado; siempre creímos que  lo importante  era batallar por la conquista de un espacio político que le permitiera al pueblo ampliar la democracia  y abrir con los acuerdos de paz un camino y una posibilidad que nos llevara a la construcción de una paz estable y duradera, como una lucha política de toda la sociedad  por la vida digna y el buen vivir.

No podemos negar que los acuerdos de paz le trajeron algunos beneficios a la insurgencia  fariana: reincorporación política, económica, social y cultural y que el Estado no ha cumplido tal como está en el texto de los acuerdos, eso no quiere decir que no se haya cumplido sustancialmente en algunos aspectos; pero sí decimos con toda seguridad que los acuerdos de paz en su mayoría son para la sociedad y no para la militancia fariana, otra situación distinta es que esa sociedad todavía no se haya apoderado de la lucha  por la paz. El día que lo haga no habrá vuelta atrás.

Siempre dijimos que un eventual diálogo con el gobierno sería difícil y complicado porque ellos siempre buscaron el sometimiento, entrega de armas y cárcel; siempre había sido así: perfidia y traición en todos los intentos en la búsqueda de la paz. Ahora no podía ser la  excepción. Pero fuimos a la fase exploratoria, organizamos la agenda (ampliándola en su contenido),  luego vendría  la Mesa de Conversaciones, cese del fuego bilateral y, en contra de escepticismos, uno a uno se fueron dando los acuerdos, la firma de ellos, el plebiscito y  la lenta y traumática implementación.

Construir las FARC-EP, nos llevó 53 largos años de lucha, de los cuales aportamos  muchos  años  cumplidos hasta  el cierre de la  “dejación  de las armas” el pasado 15 de septiembre del año 2017. Y la verdad no logramos  construir una guerrilla que tomara el poder. Tuvimos muchísimas dificultades por las misma condiciones de una guerrilla clandestina. Siempre, incluso antes de Marquetalia, luchábamos por una salida política al conflicto, pero los gobiernos de turno nos llevaron siempre  por la guerra de la resistencia armada. Hasta que cambiaron las condiciones políticas y entonces  colectivamente, todos,  asumimos el reto de la lucha por la paz en medio de la duda y la incertidumbre.

Ahora estamos en otra época para la farianidad  y para una  gran franja de la población excluida. Estamos en una nueva vida con la posibilidad de construir la paz completa, ya no con las armas sino con las ideas. Pretender volver a las armas es una loca aventura.

Los acuerdos de paz de La Habana, son un gran logro y como dijo un campesino en el  foro por la reconciliación en Armenia, “Gracias compañeros de las  FARC, por darnos esta posibilidad maravillosa de vivir y de luchar por la paz”.  No podemos olvidar que estamos en una disputa política entre la vida y la muerte. Que nada será fácil, que nos falta mucho por hacer. Apenas llevamos un año largo de implementación y no podemos balancearla todavía cuando está programada inicialmente a 10 años. El proceso todavía es un bebé, nuestro partido igual, no podemos pretender que en un año vamos a resolver todos los problemas, cuando nos gastamos 53 años construyendo las FARC-EP. Estamos en una nueva dinámica  desconocida para muchos, pero avanzamos. No todo está perdido. Las opciones de poder popular están de lado del pueblo como nunca antes.  Las convergencias  por la paz crecen. La protesta en las calles crecen. Con el  acuerdo de paz el pueblo perdió el miedo  a la movilización y  a la lucha.

Siempre quisimos más en la construcción del acuerdo, pero una cosa es querer, soñar, y otras son las realidades en la correlación de fuerzas de entonces. A cada logro nuevos retos, y la fortaleza nuestra es la unidad de  partido. Ahora los retos deben ir más allá  de los acuerdos en la construcción de la Nueva Colombia. No podemos  ahora pensar solo en  la implementación y la reincorporación de los nuestros. Esto no quiere decir que no debemos seguir luchando por ello, sino que hay otra problemática nacional y regional en la cual debemos ocuparnos y en la que está inmersa a fondo la sociedad colombiana, (la educación, los impuestos, la corrupción, los servicios públicos, etc.)

Termino diciendo que haber elegido el  camino del proceso de paz es un acierto de nuestra organización. Claro que hemos avanzado en lo acordado. Faltan muchas cosas por hacer y nos llevará muchos años. Es una construcción social lenta y compleja, con un Estado mal estructurado para la paz, con un presidente que poco gobierna para la paz y hace mucho para la elite oligárquica, sus patrones y sus privilegios. Pero es válido ahora recalcar la frase del documental “La Negociación”: “Fue más fácil hacer la guerra que construir la paz”. La Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común-FARC, persistiremos por el más grande de todos los derechos: La Paz Completa.

Diciembre 2018

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