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“Construir en red”: las voces de las mujeres desde los territorios

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El 4 de abril se realizó en la Universidad Nacional el conversatorio “Las mujeres y la construcción de paz: voces desde el territorio”, un evento organizado por las Mujeres de FARC y el Observatorio de Paz y Conflicto de la Universidad Nacional. En los paneles “Mujeres, paz y seguridad” y “Autonomía económica”, escuchamos las voces de exguerrilleras de diferentes ETCRs (Espacios Transitorios de Capacitación y Reincorporación) y de diversas mujeres lideresas del país.

Todas las panelistas, abordaron desde sus diferentes contextos, las perspectivas históricas sobre lo que ha implicado ser mujeres rurales, mujeres guerrilleras, mujeres campesinas y su rol en las experiencias de construcción de paz. Para las mujeres farianas su experiencia en filas fue y ha sido el principio del trabajo de género pues como ellas lo mencionan: “el trabajo del tipo que fuera, siempre fue mancomunado. En nuestra organización no llegamos a espacios de poder por ser la mujer del comandante, la mas bonita, sino porque tuvimos que demostrarlo”; para ellas esto hace parte de una construcción propia, que las ha llevado a ser ejemplo hoy en los procesos territoriales.

La seguridad y la independencia económica son unas de sus mayores dificultades, señalan que pese a que hay presencia de algunas instituciones o aunque algunas cuentan como esquema de seguridad, siguen siendo vulnerables. La seguridad para muchas se configura en comunidad, como por ejemplo las guardias campesinas. En casos específicos, como para las comunidades del pacífico colombiano, la seguridad es algo mucho más complejo, pues las mujeres se han convertido en una amenaza para los actores armados que allí permanecen, en algunos barrios no las dejan entrar y las amenazan con frases como: “no vengan a endulzarle el oído a mi mujer”, hechos que además de evidenciar el machismo al que se enfrentan, no permiten que se desarrolle el trabajo comunitario.

Otros aspectos que señalan son la falta de oportunidades que les permitan una independencia económica pues tienen claro que es una herramienta fundamental para el empoderamiento político y económico de las mujeres en los territorios. El problema de la tierra también sigue siendo uno de los obstáculos más preocupantes, ya que no tienen tierra donde ejecutar sus proyectos productivos lo que implica que no tienen arraigo pues la finalización de los ETCR en agosto de este año genera una profunda incertidumbre sobre su futuro.

Muchas de las iniciativas que han salido adelante son autogestionadas y en las que luego se enfrenta el reto de la comercialización de los productos, teniendo cuenta que en la gran mayoría de casos no se cuenta aún con la aprobación y/o desembolso de los proyectos de reincorporación (conocidos como los proyectos de los 8 millones). Sin embargo, reiteran estas revolucionarias como ellas mismas se nombran, que seguirán trabajando. Aprovechan el espacio para exigirle una vez más al Gobierno Nacional que cumpla con lo acordado, que responda por la mujeres y sus derechos.

Estas lideresas de diferentes lugares del país además no se ven cumpliendo con los roles tradicionales del cuidado en el hogar, en palabras de una de las participantes : ”no solo nacimos para estar en la casa, ahora debemos aprovechar los espacios que se nos han negado,” y afirman que se construye desde las redes de mujeres, que el trabajo con las mujeres debe ser en equipo para lograr visibilidad.

Más allá de los innumerables obstáculos estas grandes mujeres siguen firmes en su convicción de construcción de paz y transformación social. Los aportes de quienes están en proceso de reincorporación a sus entornos comunitarios y familiares han sido producto de un gran esfuerzo por fortalecer los tejidos con las comunidades, producir en conjunto, construir agendas de mujeres y adelantar los procesos de incidencia para posicionarlas. Tienen claras sus propuestas para la atención de violencias basadas en género y para el cuidado de niñas y niños

Y aunque a futuro ven grandes retos como la materialización del proceso de reincorporación, resolver el problema de la tierra, continuar con los procesos de capacitación técnica, administrativa y de gestión para dirigir sus propios proyectos, lograr acompañamientos más efectivos para que sus proyectos sean sostenibles y continuar con la pedagogía de paz y especialmente con la de género en las comunidades, también tienen grandes certezas: fomentar una política de trabajo colectivo, pues para ellas la construcción de la paz y el proceso de reincorporación es un proceso de y para de todas. Tienen claro que la la unión hace la fuerza como sentencian, por eso se escuchan y tejen lazos entre ellas porque saben que la paz tiene rostro de mujer.

 

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